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MIEDO

EL ARTE DE COMPLICARSE... LA VIDA !

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EL ARTE DE COMPLICARSE... LA VIDA !
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Para algunas personas, los hechos más cotidianos y sencillos se convierten en problemas extremadamente complejos a los que les dan vueltas y más vueltas antes de tomar una decisión sobre ellos. Son los " complicadores ", aquellos que se ahogan en un vaso de agua. Para superar esta incapacidad, nada más sencillo que leer este artículo.

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¿ No se ha encontrado usted con amigos, familiares o conocidos a los que, tras proponerles espontáneamente salir a cenar, ir al cine, o simplemente dar un paseo, se deshacen en argumentos para eludir la propuesta ? No tienen nada contra usted. Incluso, en el fondo, puede gustarles la idea. Pero no pueden aceptarla. Cualquier actividad que no tengan prevista y para la que no se sientan preparados les aflige, les descoloca y les perturba. Son especialistas en complicarse la vida. Personas a las que si les deseas que pasen un buen día pueden responderte : " gracias, pero tengo otros planes ".
 
Los complicadores son gente que no encuentra nada sencillo vivir. Si su automóvil, por ejemplo, se empeña en no arrancar, empiezan a preguntarse : " ¿ Qué voy a hacer ? " " ¿ Y si la avería es irreparable y tengo que cambiar de coche ? ". " Si es así, tendré que pedir un préstamo al banco ". " ¿ Y si no me lo concede ?  " Y entretanto,  "¿ Cómo llevo los niños al colegio ?". " ¿ Cómo nos iremos de vacaciones ? ". Y acaban preguntándose : " ¿ Por qué la vida es tan complicada ?".
Convierten cualquier hecho cotidiano, como una simple avería automovilística, en una catástrofe personal. ! Es un milagro que no se les vaya todo el sueldo en terapias.
Hasta la simple invitación para salir de casa de cualquier amigo es, para un complicador, un tremendo dilema.
 
Encontrarán los más peregrinos pretextos para evitar aceptarla: " ¿ Y  si me llama alguien por teléfono durante mi ausencia ? ". ¿ Y si hay un cambio climatológico y me pilla con ropa inadecuada ? ". " ¿ Estaré de vuelta a tiempo de ver el último capítulo de la novela ? ". Para los complicadores no hay nada más angustiante que la pérdida de control de su vida. Es decir, dejarse llevar por un impulso propio o ajeno que no tenían planificado. De ahí que su inmediata reacción a esta probable pérdida de control sea encontrar los más retorcidos argumentos para defenderse de la sencillez.
 
¡ Serían capaces de hacer el amor con las piernas cruzadas !
Algunas personas son expertas en complicarse la vida. No pueden evitar percibir los actos más intracesdentes o, admitámoslo, también los pequeños problemas, en adversidades tan difíciles de superar como ascender al Everest en bicicleta. O en catástrofes dignas de figurar en la primera plana del New York Times.
 
"¿ Por qué hacerlo sencillo si se puede hacer complicado ? ", es un proverbio judío que los complicadores parecen haber grabado a fuego en su mente para convertir su vida en un monumental jeroglífico. Esta forma de pensar, impregnada de ansiedad, conduce a la idea de que cualquier  pequeño problema nunca puede tener una solución fácil, sino que genera necesariamente otros múltiples conflictos en cadena.
Los complicadores son como los barman: ¡ muy agitadores !
Los adictos al arte de complicarse la vida no parecen tener ningún sentido de la organización. Ni tampoco una vara de medir  de forma más realista las dificultades o los problemas que se les presentan. Su comportamiento denota una excesiva preocupación por no perder ni un ápice el control de su vida. Cada situación que los complicadores van a vivir la analizan, desmenuzan y sopesan desde todos los ángulos posibles hasta extremos enfermizos.

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Se empeñan en hacer a priori toda clase de cautelosas  consideraciones en un casi siempre inútil ejercicio de prever sus consecuencias, no dejando el mínimo resquicio al azar o la fantasía. Su objetivo es por tanto, no encontrarse nunca cara a cara con lo imprevisto. ¡ Salvo que se trate de un premio de lotería !
 
AFÁN  PERFECCIONISTA
 
Para muchos psicoanalistas, la conducta de los complicadores  puede tener su origen en un afán perfeccionista heredado de una rígida educación en su infancia, en el mismo instante en que un  niño aprende el aseo personal. Cuando éste comprende que puede complacer a su madre estando limpio, o lo contrario, no estándolo, toma conciencia por primera vez de la posibilidad de "dominar " al otro. Pero cuando la madre se muestra excesivamente exigente en este dominio, el niño deduce, inconscientemente, que para ser amado es necesario que él sea impecable. Esto es, que no escape nada a su control, que mantenga una cautela sobre sí mismo y sobre su entorno. Exigencia que, en la edad adulta se transforma en una constante de complicaciones cotidianas. ¡ Hasta para comer una sopa de letras los complicadores han de hacerlo por órden alfabético !
Para este tipo de personas, no poder evitar complicarlo todo significa miedo al vacío. Cuando otros se toman la vida con "filosofía", los complicadores calculan, piensan y analizan cualquier cosa para evitar la decisión final. Una angustia que otros psicoanalistas también ubican en las primeras experiencias de separación sufridas por el niño:  ausencias maternales, destete, entrada en el colegio, que exigen una ruptura física con la madre. Si esta separación no ha sido bien digerida, llegar al final de cualquier situación supone para los complicadores un verdadero problema. ¡ Vaya por Dios !

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MANOS A LA OBRA  !!!

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LIC.  CHRISTIAN  TROCONIS. I

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